¡Qué rico que mañana hay clases de Mountain Bike!

¡Qué rico que mañana hay clases de Mountain Bike!
Junio 15 11:13 2017

“Con el permiso de mi profesor Sebastián Román de SRR MTB Training, me animo a meterme en sus terrenos y me atrevo a dar algunos consejos a quienes están evaluando tomar clases de MTB”.

“¡Poto para atrás!

¡Abre las piernas!

¡Flecta los brazos!”

Estas tres indicaciones las sigo escuchando en clases de MTB, pero suenan aún más fuerte en mi cabeza cada vez que me subo a la bici y me pongo a recorrer los cerros ya sea por paseo o por alguna competencia.

Tomar clases de Mountain Bike ha sido una de las buenas decisiones que he tomado en todos estos años que llevo pedaleando. No obstante antes de comenzar, muchas dudas y preguntas aparecieron, las cuales me fui respondiendo con el pasar del tiempo.

Ya con 3 años de clases en las cañuelas, creo que con mi experiencia puedo ayudar a alguien a animarse e intentar a hacer lo mismo que yo y mis compañeritos de curso en un momento de nuestras vidas: Salir de la zona de confort, aprender algo nuevo, sacarle trote a la cleta, disfrutar el cerro y conocer nuevos amigos.

Entonces, vamos preguntando y respondiendo de inmediato.

¿En qué momento debemos empezar a evaluar tomar clases de MTB?.

Mientras antes mejor. Y con esto me refiero a los niños. Obviando que los peques están preparado para todo lo que se les presente en la vida, su nivel de percepción del miedo les favorece para el aprendizaje. No se trata de que ellos son más temerarios y hay que lanzarlos a todo, sino de ir manejando ese umbral en favor de un mejor dominio de su cuerpo, su bicicleta y por ende sus capacidades. Además, como en todo deporte, se aprenden muchos valores como el compañerismo, el respeto por la naturaleza, la seguridad y la confianza.

“Papá, lleve a su hijo al cerro. Es cierto. No estará libre de algún porrazo, pero de los porrazos es que se aprende en la vida”.

 ¿Aprenderé algo nuevo si ya llevo un buen tiempo andando en bicicleta?

La fauna de ciclistas que uno ve en los cerros es tremenda. Elite, amateur, los del San Cristóbal camino a la Virgen, los patos de maratones, los endureros de verdad y los endureros parrilleros. Quizás muchos de ellos no necesiten clases porque comenzaron desde chicos o porque con tantos años de práctica, tienen la técnica asimilada mirando, preguntando y practicando. Pero estoy convencido que la mayoría de ellos puede que las necesite.

Yo pedaleo desde los 13 años arriba de una rutera Caloi 10 camino al colegio. Con mi primer sueldo compré una MTB de fierro y me metí por primera vez al cerro. Años después nació mi hijo mayor y a los 7 lo puse en clases de MTB. En esos tiempos, con unos amigos de Peñalolén, armamos un grupo de paseos y carreras donde lo pasé muy bien. Eramos los OldBikers.

Un día, y bien pasado los cuarenta en mi caso, junto a varios de los papás que llevábamos a nuestros hijos a la escuela de MTB de Ecobike, decidimos hablar con el Profe Seba para pedirle que nos hiciera clases a nosotros.

OK nos dijo. Comenzaron las clases y OMG. ¡Caché que no cachaba nada!

Andar en bici el el cerro está lleno de detalles. Todo cambia según el fit que tienes con tu bici, según tu posición corporal, tu peso, tu estatura, la oreja, la uña, el grip, etc.

Es muy emocionante volver a aprender y ver los avances cuando se pedalea en el cerro. Y aunque siempre habrán porrazos, muchos de ellos se pueden evitar teniendo en cuenta aspectos que solo las aprendes en clases repitiéndolas una y otra vez de la mano del Profe que te dice suavecito al oído: “¡Vamos wn, tu puedes, wn!… poto pa atrás wn!!!”

¿Valdrá la pena ir a clases de MTB a la edad que tengo?.

Cuando ya estaba en clases por más de un año, me llamó la atención que se empezaron a sumar muchos adultos hombres y mujeres por dato o porque eran papás que se animaron a subirse a la bici cuando dejaban a sus niños a la escuela de MTB. Los adultos “nuevos” de 30, 40, 50 años y más, llegaron tímidos con cara de “yo no cacho ná”. El Profe los mira de arriba para abajo y les da un par de tips. Después pone un cono por acá, otro por acá. Luego un palito que hay que pasar por arriba y al final una zanjita que hay que bajar despacito.

¡Cresta! En tres meses ya estaban a la altura de nosotros los más “adelantados”. Luego de tres meses más, veo a los hombres más flacos y las mujeres aún más lindas. Hoy todos agradecemos estar en clases y la echamos de menos cuando no podemos ir.

Gracias a las clases, hoy todos somos amigos y las parrillas de cada una de nuestras casas se encienden cada fin de semana. Y los que tenemos la suerte de estar en clases junto a nuestros hijos, que se hace en grupos divididos, se hace aún más entretenido porque se empieza a armar una “familia” alrededor de esto. Vibramos con la naturaleza, vamos a carreras, saludamos a los nuevos y nos emocionamos con nuestros avances: “¡Viste wn que podí?!

Clases de Mountain Bike

Hoy en la escuela somos más de 50 y estoy feliz con ir a clases. A veces reflexiono que después de tantos años, hoy solo voy por estar más cerca del cerro y más cerca de mis nuevos amigos.  Creo que ya he aprendido lo suficiente y solo lo hago por placer, hasta que el Profe te mira de arriba para abajo, te pone un nuevo desafío en clases y uno se dice así mismo: “Charli, aún hay mucho que aprender de este maravilloso deporte. Tenemos que seguir viniendo a clases.”

 Dedicado a mis compañeritos y al Profe.

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Acerca del Autor

Carlos González
Carlos González

Publicista Profesional con conocimientos en marketing y con carrera dedicada a la creatividad publicitaria. Amante del mountainbike y de la familia.

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