Gran fondo NY Uruguay 2017

Abril 11 18:30 2017

Gran Fondo significa “Larga distancia” en italiano, ¿quién no ha soñado alguna vez con correr o hacer una etapa del Giro de Italia o Tour de Francia?, recorrer esos paisajes, escalar esos míticos puertos de montaña, creo que nadie de los que amamos el ciclismo.

El concepto Gran Fondo nace en Italia hace varias décadas y consiste en carreras en bicicletas de ruta con distancias de al menos 120 kilómetros. Esta idea se ha hecho muy popular entre los aficionados, siendo quizás la más conocida el Gran Fondo New York (GFNY) (www.gfny.com) en la cual participan más de 5.000 personas. Este Gran Fondo se ha extendido a varios países entre los cuales se encuentran Italia, Francia, Alemania, Malasia, Indonesia, México, Colombia, Brasil, Argentina, Uruguay y este año 2017 por primera vez a Chile (www.gfnychile.com).

Fernando Llanos, corredor aficionado, pero por sobre todo amante del ciclismo, nos cuenta la experiencia de su participación en el GFNY Uruguay 2017. Sin lugar a dudas un relato que te invitará a investigar más sobre esta carrera y buscar la manera de participar en el próximo.

Gran fondo NY Uruguay 2017

Esta historia comenzó el año pasado cuando estaba pensando en mis vacaciones 2017 y a mi actual pareja, de nacionalidad Uruguaya, le dije quiero conocer tu país así es que vamos a Punta del Este ya que además de conocer quiero participar en una carrera de ciclismo denominada GFNY Uruguay. ¿qué mejor panorama?

Luego de varios meses de entrenamiento recorriendo largas distancias y haciendo hartos kilómetros a la semana, generalmente solo (#teamsolis), llegó el momento del tan esperado viaje. En cuanto llegué a Punta del Este me pareció una hermosa ciudad, muy ordenada y por sobre todo limpia, costaba mucho ver algún papel en la calle, además de tener lindas y extensas playas.

El día viernes 17 de Marzo fui a reconocer la ruta en automóvil, eran 171 kilómetros y aproximadamente 2.000 metros de altura acumulada, por hermosos paisajes y verdes campos, con muchos animales, se parecía bastante al Sur de Chile, extrañé las cuestas que tenemos acá y que tantas veces hice como Juan Pablo II, Farellones y Caleu, no había nada parecido, eran subidas cortas de entre 1 y 5 kilómetros con pendientes promedio de un 6% y máximas de 12%, lo que sí me preocupaba era el viento el cual a mi parecer es peor que un cuesta.

El comienzo de la carrera – Domingo 19 de Marzo

Y llegó el gran día, domingo 19 de Marzo, a las 6:30 hrs. la temperatura estaba perfecta, aproximadamente 14°C. Ya estaba encajonado en la zona de mi categoría, habían nervios, ansias y otros sentimientos, muchos brasileños, argentinos y uruguayos, chilenos no vi, no sé si habría más, imagino que sí ya que habían aproximadamente 700 participantes.

A las 7:10 hrs. se da la largada, suena sirena y se empiezan a escuchar las calas enganchándose en los pedales y el sonido de las mazas traseras de las bicicletas, la partida era hacia la península de Punta del Este, por la bella costanera y neutralizada hasta los famosos Dedos de la Playa Brava, obra del escultor chileno Mario Irarrázaval, es decir aproximadamente 6 kms., en este momento se apresura el vehículo de avanzada y suelta al pelotón el cual inmediatamente comienza a desgranarse, los más pro y los que compiten en el resto de las fechas del GFNY salen disparados, de inmediato empiezan a formarse espontáneamente los grupos, me uno a uno que me parecía adecuado y comenzamos avanzar, pasamos el hermoso puente ondulado de La Barra y su poblado para luego desviarnos hacia el interior por la ruta 104, en este momento empiezan a aparecer las grandes y verdes llanuras, el día está perfecto con 18°C, sol y algunas nubes … ideal para pedalear.

El grupo en el que voy va compacto y a muy buen ritmo, me siento muy cómodo a veces con ganas de avanzar más pero sé que aún faltan 140 kilómetros por recorrer, en este momento comienza lo que no quería que pasara … ganas de ir al baño, no quiero detenerme, sé que será rápido pero en un minuto se me va el grupo en el que voy. Aguanté lo más que pude pero en el kilómetro 60 las ganas ya eran demasiadas, si espero más será peor así es que tomo la decisión de detenerme en el primer abastecimiento que se encuentra en el 66K, bastaron 45 segundos que fueron eternos y en los cuales vi cómo se iba mi pelotón, con sentimientos encontrados me subo a la bici y comienzo a pedalear parado en los pedales para acelerar rápido y volver a tomar un ritmo, en este momento veo que me encuentro solo sin más ruido que el del viento, de inmediato me acuerdo de todas las veces que salía solo y me digo #teamsolis la lleva … una vez más!!!

Fernando Llanos

Kilómetro 72 – Comienza el ascenso

Sabía que en el kilómetro 72 comenzaba el ascenso más largo, eran poco más 9 kilómetros con una pendiente promedio de 3.8% y máximas de 12%, cada cierto instante podía visualizar a mi ex pelotón, calculaba que iban como a un kilómetro de mí, comencé a acelerar el tranco y veía que me iba acercado cada vez más a ellos lo cual era un golpe energético para mí, estaba seguro que los iba a alcanzar y así fue, comenzó la subida muy suave comparada a las que estamos acostumbrados a hacer acá en Chile y para mi sorpresa no solo alcancé a mi pelotón si no que ahora fui yo quien los dejó atrás pero sin ánimo de venganza.

Trabajando en Equipo

En este instante un muchacho bastante más joven que yo, calculo unos 35 años, se pone a mi lado y comenzamos a pedalear y a trabajar juntos, era Marcelo, un argentino de Buenos Aires muy buena onda, al igual que yo mountainbiker de corazón pero que también le encontró el amor a la ruta.

Seguimos trabajando, ya estábamos por llegar a la cima de esta subida y a lo lejos divisamos un solitario ciclista, “pégate a rueda” le digo, “vamos trabajando entre los tres”. Su nombre era Alberto, otro argentino, bastante mayor que yo pero pedalero de toda la vida, así conformamos nuestro tren y comenzamos a pedalear a buen ritmo.

Kilómetro 100 – Análisis de lo que se viene

Llevábamos casi 100 kilómetros de carrera, unas cuantas cuestas y muchos repechos, como esos del Sur de Chile, como los que hay entre Ensenada y Puerto Varas los cuales te van desgastando y pasando la cuenta. En este punto había que realizar un giro y enfilar hacia el Sur, en unos kilómetros más tomaríamos la última cuesta denominada el Ramallo de 2,5 kilómetros, 6,1% de pendiente promedio y una máxima de 12%.

Para mi todas las comparaciones las hago en base a mi referencia por defecto “Pie Andino y Juan Pablo II”, tengo tan claras las distancias, pendientes y sensaciones que contra ella comparo todo. El Ramallo tiene zonas muy duras pero había mucha gente, la mayoría familiares de competidores, que nos alentaban, gritaban y hasta empujaban …  a todos, me sentía como si estuviera subiendo el Tourmalet, Mont Ventoux o el Passo dello Stelvio, hace rato ya me sentía un profesional.

Continuamos con Marcelo y Alberto trabajando y en un minuto fuimos un grupo de aproximadamente 15 personas y comenzamos a atravesar una zona de muchos sube y baja … sube y baja que te van agotando, en ese momento piensas ¿estaré dosificando bien?, pienso en mi grado de eficiencia y me digo que ojalá sea perfecto, no me debe faltar ni sobrar al llegar a la meta, mi sensación es buena y creo que voy por buen camino.

Último abastecimiento y a la meta

El último abastecimiento está en el KM 132 en el pueblo Pan de Azúcar llamado así por la cercanía a un cerro muy similar al que existe en Rio de Janeiro, hablamos con Marcelo y Alberto y acordamos parar en el punto para reabastecernos de agua e isotónico, además de pasar al baño nuevamente.

Luego de un minuto partimos nuevamente, sabemos que ya falta lo menos lo peor ya ha pasado, al menos eso es lo que creemos. Luego de un kilómetro llegamos a un trébol y tomamos la Ruta Interbalnearia la cual va desde Montevideo hacia Punta del Este, es una linda carretera con una muy amplia y limpia berma, pero en cuanto entramos comenzó lo peor … el viento el que sagradamente para los ciclistas siempre es en contra, ese mismo que te espera cuando vuelves de El Toyo o cuando vienes de Farellones y pasas por el Filón del Diablo, hubiese preferido mil veces otra cuesta que el viento en contra, aún quedaban 38 kilómetros y fueron los peores ya se empezaba a sentir el cansancio, era hora de tomar el último gel que me quedaba.

Éramos un grupo de 6 personas, nos íbamos relevando cada cierto tiempo, pero hubo 2 que no quisieron, se hacían los desentendidos, no sé de dónde eran porque ni siquiera hablaron pero tenía la sensación de que uno de ellos era de mi categoría y que estaría esperando para pegar el palo en algún momento.

Seguimos avanzando pasamos el aeropuerto de Punta del Este luego la Laguna del Sauce, el viento no disminuía y para peor en algunos tramos aumentaba. Seguimos pedaleando hasta llegar al kilómetro 158 en el cual había una pequeña cuesta denominada La Ballena de poco más de 1 kilómetro con 4% de pendiente promedio y una máxima de 5,5% y fue en este minuto cuanto nuevamente ratifiqué que el karma existe ya que los 2 corredores que no participaron en los relevos tuvieron problemas, uno se acalambró al comienzo de la subida y el otro en la mitad de ella tuvo un problema con su transmisión y ya no los volví a ver.

Llegamos a la cima con Marcelo y Alberto se nos estaba quedando atrás, faltaban los últimos 13 kilómetros, ya se veía la costa y al fondo los edificios de Punta del Este, lo esperé un poco y le grité que no perdiera la rueda pero no hubo reacción por lo que tuve que dejarlo, Marcelo ya se me había escapado como 400 metros, ya estaba con las ultimas fuerzas así es que no haría un sobreesfuerzo que me pudiese acalambrar.

Había gente en la playa que alentaba, automóviles que tocaban la bocina y en eso veo un cartel que indica que falta 1 kilómetro para la meta, en ese momento una alegría recorrió mi cuerpo y una especie de angustia que estoy seguro muchos ciclistas han sentido y la cual hace salir algunas lágrimas, en este momento aceleré lo que más podía hasta que a la distancia diviso el pórtico de la meta y escucho al locutor dando mi número y nombre … traté de acelerar más, no sé si resultó o no pero lo hice y pude cruzar la línea de meta, mi Garmin marcaba 5:52 por lo que había cumplido mi objetivo que era estar bajo las 6 horas, mi alegría era indescriptible, eran muchos meses de entrenamiento, saliendo rápido del trabajo para partir a Chicureo, fines de semana de levantarme a las 5:30 para salir temprano y no agarrar el calor del verano en la subida de Farellones o en las cercanías de Til Til o en Piedra Roja, de dejar otras cosas de lado, incluso familiares y amigos pero todo tuvo su recompensa y fue disfrutar de manera muy particular esta carrera ya que realmente me sentí como un profesional este día y entendí muy bien el slogan de los GFNY  que dice “Be a pro for a day”. He participado en muchas otras carreras de MTB pero esta fue especial ya que era mi primer Gran Fondo y que estoy seguro no será el último.

Fernando Llanos

Curacaví y Nueva York voy por ustedes!!!

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